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Inteligencia Artificial, ¿qué nos cabe esperar?

🎙️ Informativo 16/04/2026

JUAN PARRA FORTES*

La IA abre a la humanidad un mundo nuevo. Una de las referencias básicas para entender nuestra historia es, sin duda, la tecnología y, en los últimos años, su desarrollo en lo concerniente a la comunicación, a la medicina en sentido amplio y la robótica ha sido extraordinario.

Desde hace ya milenios, los humanos disponemos de la cultura como una poderosa herramienta para adaptarnos a la realidad siempre cambiante con y en la que hemos de vivir. Seguramente, la creación humana más poderosa para nuestra relación con el mundo y con los otros ha sido el lenguaje. Pero en este escrito me referiré a la tecnología, esa otra creación cultural que tanta huella ha ido dejando a lo largo de nuestra historia.

Cualquier descubrimiento tecnológico que conocemos gracias a la arqueología, por lejano que sea en el tiempo, nos permite extraer conclusiones sobre cómo era la vida de aquellos hombres y mujeres, de la vida social en su conjunto. Podríamos decir que la vida humana ha ido cambiando y adaptándose al mundo al ritmo que hemos ido modificando la tecnología.

La construcción y el uso de herramientas tiene tanto poder adaptativo que cualquier modificación en estas nos puede provocar posturas encontradas que van desde la expectativa al recelo o desde el rechazo a la esperanza. Para comprenderlo basta con que atendamos a las diferencias que hoy día existen entre distintas generaciones que, en un mismo tiempo y en un mismo espacio, o sea, que, en una misma sociedad, han de manejarse con las últimas tecnologías y los problemas diarios y no teóricos que se generan. La imposibilidad de aprenderlas y de manejarlas, para una gran parte de la población puede estar generando una brecha insalvable entre la manera de entender y adaptarse al mundo con la que se ha vivido y las novedosas exigencias de una sociedad que cambia tan rápidamente. A esta brecha, que la podremos llamar analfabetismo digital o choque generacional, está planteando retos y  problemas de muy diversa índole que van desde los económicos a los éticos.

Desde Galileo y el inicio del método científico, allá por el siglo XVII, la ciencia ha mantenido que la realidad,  la naturaleza, tenía la última palabra cuando de los conocimientos y de la verdad hablamos. Pero la irrupción de la inteligencia artificial (IA) podría poner a disposición de los humanos una realidad paralela  que  se convirtiera en última referencia para el conocimiento, sustituyendo a la antes mencionada.

El desarrollo y aplicación de esta nueva herramienta que ha irrumpido de desarrollos anteriores, parece que sea más un salto que una mera evolución y cuyos límites y consecuencias de su uso no alcanzamos aún a vislumbrar.

El conocido filósofo B-Ch Han –premio Princesa de Asturias 2025-­, señala al capital, la digitalización y la IA como los “tres monstruos de la civilización actual”. Y continúa afirmando que ni el pudor, ni la belleza ni la bondad forman parte de esta poderosa herramienta. Así, la IA solo administraría  datos, cuantías, ya que en ella no caben ni la vacilación ni la duda.

El asombro y la duda han sido los pilares inquebrantables sobre los que se ha construido todo el edificio del conocimiento humano a lo largo de la historia de nuestra civilización. De ellos dos han surgidos los estímulos que, a través de las investigaciones y las respuestas a esas inquietudes, nos han movido a buscar siempre formas de vida que mejoren nuestra existencia, aunque tengamos que reconocer épocas de retroceso producido por los dogmatismos propios de la ignorancia y la intolerancia.

Como seguramente todas las tecnologías, esta de la IA , tiene campos de actuación amplísimos para mejorar nuestras vidas. Imaginemos solo su aplicación a todos los ámbitos de la salud y la medicina, el arte en general o la generación de modelos que amplíen la seguridad en las construcciones y todo tipo de infraestructuras.

Para evitar los recelos y miedos a esta impactante tecnología de última generación, tendríamos que ir pensando con urgencia en la regulación de su uso a través de una legislación clara y contundente y, también, de una ética que nos señale los valores indispensables para su manejo. El respeto a los derechos humanos, a la intimidad, a la verdad y a las libertades son retos que han de asumir y defender necesariamente los poderes públicos, con una implicación de toda la sociedad y muy especialmente la educación, con el objetivo claro de que el uso de la IA no amplíe las desigualdades propias de nuestro sistema económico en su actual desarrollo.

*JUAN PARRA FORTES es profesor de filosofía y autor del ensayo ‘El sueño de Aquiles’. (VEA NUESTRA PORTADA DE HOY)

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