La tarde del pasado sábado, el tanatorio de Mojácar abrió sus puertas para despedir a dos de los suyos. Pedro Rodríguez y Ana Sims, dos de las trece personas que perdieron la vida en el incendio de Los Gallardos, recibieron el último adiós de un pueblo que los quería. Llegaron a Mojácar en 1987 con una hija de apenas un año. La intención era quedarse unos meses. Pero la vida, como escribió Ana, es lo que es. Y ellos se quedaron.
Centenares de vecinos desfilaron para dar el último adiós a un matrimonio muy querido en la comarca. Amigos de toda una vida, compañeros de profesión, vecinos que compartieron con ellos atardeceres, confidencias y brownies. Todos querían acompañar a Lillian, la hija de ambos, que recibió el calor de un pueblo que la vio crecer y que ahora la abrazaba en el peor de los momentos
UNA SOLA VELA PARA DOS VIDAS
A las siete de la tarde, los asistentes se trasladaron al cementerio municipal. En la plaza central, frente a los dos féretros, una única vela ardía sobre una mesa. «Porque ellos dos eran solo uno, y aquí están representados en una sola luz», explicaron quienes organizaron el acto.
La ceremonia, laica y sencilla, estuvo salpicada por piezas musicales en directo. Entre los féretros, una fotografía de la pareja en el mar, felices, cómplices. Quienes tomaron la palabra destacaron el amor inmenso que se profesaban, un amor que nació y se mantuvo en una época en la que abrazarse o besarse en público no era bien visto en España. Ellos lo hicieron sin reservas, a lo largo de toda su vida, como si el tiempo y las costumbres no pudieran con ellos. Recordaron a Pedro como el geólogo de éxito que, desde Mojácar, siguió desarrollando una carrera brillante, y a Ana como la mujer que lo hizo posible, construyendo un hogar donde siempre olía a pasteles, especialmente a su famoso brownie.



De ella hablaron como una mujer extremadamente graciosa, de risa contagiosa, esa que llenaba cualquier habitación. También recordaron su amor por la música, la fotografía, la cultura y la naturaleza. Quienes tomaron la palabra destacaron el parecido de su nieta Mila con Ana. La pequeña, que apenas ha empezado a caminar, tiene el rostro de su abuela. Lilian, su hija, también se parece a Ana, pero es Mila quien lleva el reflejo más nítido de aquella sonrisa que tantos recordarán. Pedro y Ana adoraban a su hija y disfrutaban como nunca de su papel de abuelos.
EL ÚNICO ESPAÑOL ENTRE LOS 13 FALLECIDOS
Pedro Rodríguez Fernández era natural de Madrid, pero su corazón se quedó en el Levante. Fue el único español entre los trece fallecidos del incendio de Los Gallardos. Su trayectoria profesional fue extraordinaria. Licenciado en Geología por la Universidad Complutense, comenzó su carrera en 1977 en la Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya. En 1979 fue contratado como geólogo de proyectos por el Grupo Billiton-Shell, donde vivió sus primeros grandes éxitos, como el descubrimiento del yacimiento de Los Santos, en Salamanca, y el de Aguas Teñidas, en la Faja Pirítica de Huelva, uno de los yacimientos de sulfuros polimetálicos más importantes de Europa, que sigue en producción casi 30 años después.
A lo largo de su vida, Pedro participó en el lanzamiento de numerosos proyectos mineros que generaron cientos de puestos de trabajo en toda España: la mina de Los Santos, el proyecto Barruecopardo, el proyecto Touro en Galicia, la mina Muga en Navarra y Aragón. Su visión global, su capacidad para integrar el conocimiento científico con la viabilidad técnica y económica, y su generosidad para compartir su saber le convirtieron en un referente del sector minero en nuestro país. En 2017, el Metallic Mining Hall de Sevilla reconoció su dilatada trayectoria ante un nutrido grupo de profesionales venidos de todo el mundo.
Pero en el funeral, quienes lo conocieron bien no solo hablaron de sus logros profesionales. También lo recordaron como un hombre de profundas convicciones, un convencido de izquierdas, honrado, noble e íntegro. Un hombre que siempre antepuso la cercanía en el trato, el diálogo y la relación entre iguales. Un geólogo que, pese a sus éxitos, nunca perdió la humildad y que siempre quiso compartir sus logros con los que le rodeaban.
UNA AMERICANA ENAMORADA DE UN ESPAÑOL
Ana Sims, nacida en Nebraska (Estados Unidos), llegó a España en 1980 para estudiar y se enamoró de un español. Para todos los que la conocieron, siempre fue «Ana, la americana», una mujer simpática, empática y de una calidez que se extendía a todos los que se cruzaban en su camino.
Ocho años después, aquel amor la llevó a Mojácar, de la que ambos se enamoraron. Decidieron no trasladarse más, que aquel fuera el lugar donde establecerse, donde creciera su pequeña. Y fue en Mojácar donde algunos miembros de esta redacción la conocimos, en la ya desaparecida Radio Indalo donde ella trabajó un tiempo como agente comercial. Después, fundó la academia de idiomas Imago Mundi, trabajó como traductora e intérprete, ejerció de mánager del grupo de música Mudéjar y colaboró con la escritora Fiona Dunlop en varios libros de gastronomía.
Pero donde Ana realmente se expresaba era en su hogar. Era la guardiana de la casa, la que mantenía vivo el calor familiar. Aunque sus amigos españoles nunca conocieron personalmente a su madre, Ana se la presentaba cada vez que se sentaban en torno a su cocina, en cada receta que preparaba, en cada plato que compartía con ellos.
Su pasión por la fotografía y el Mediterráneo quedó reflejada en sus propias palabras: «Paseamos todos los días y me dedico a sacar fotos del bello paisaje y del maravilloso Mediterráneo».

Hace dos años, Pedro y Ana decidieron trasladarse a Bédar, buscando la tranquilidad de la sierra, el sosiego que Ana tanto anhelaba. Allí les sorprendió el fuego. Intentaron huir, pero no pudieron. Sus restos descansan ahora en el cementerio de Mojácar, el pueblo que los acogió, donde querían estar.
Entre los asistentes al funeral había muchas personas de la edad de Lillian, hombres y mujeres que habían cursado sus estudios con ella y que, de algún modo, también habían crecido junto a Ana. La recordaban como una persona cercana, divertida. Para algunos de ellos ella había conseguido que aprender inglés fuera un juego. Ella no era solo su profesora de inglés, o la madre de ‘Lilli’; era una mujer que siempre tenía una sonrisa y una palabra de ánimo cada vez que volvía a verles, cada vez que se cruzaba con ellos.
Lillian, visiblemente afectada, agradeció incansablemente las muestras de apoyo recibidas. Se le notaba el cansancio acumulado durante los días transcurridos desde que el fuego arrasó la vida de sus padres hasta que las autoridades entregaron los restos a la familia. El alcalde de Bédar, Ángel Collado, también quiso estar presente. Pedro y Ana habían trasladado su residencia a ese municipio hace poco más de dos años, buscando la paz de la sierra. Collado quiso acompañar a la familia en nombre de todos los bedarenses.
Ana y Pedro ya descansan juntos, como siempre estuvieron. En el cementerio de Mojácar, el pueblo que los acogió y el que seguirá conservando el recuerdo de ambos. (VEA NUESTRA PORTADA DE HOY)
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