🎙️ Informativo 06/04/2026
Imagínese una gota de lluvia cayendo en Pulpí hace casi 200.000 años. Se filtra en el suelo, circula bajo tierra, se carga de sales y, en algún momento, queda atrapada dentro de un cristal de yeso que crece lentamente. Esa gota sigue ahí. Y ahora los científicos han aprendido a leerla.
Un equipo internacional liderado por la Universidad de Almería acaba de demostrar que los enormes cristales de la geoda de Pulpí y los de la famosa cueva de Naica (México) son, en realidad, archivos naturales del clima. El agua que conservan en su interior revela cómo eran las lluvias, la temperatura y las condiciones ambientales hace decenas o cientos de miles de años.
El secreto está en la edad de los cristales. Los investigadores lograron datar el yeso con una técnica novedosa, porque este mineral contiene muy poco uranio (el elemento que suele usarse para calcular edades). En Pekín, en uno de los pocos laboratorios del mundo capaz de medir cantidades ínfimas, analizaron la relación entre uranio y torio. El resultado: la base del cristal de Pulpí se formó hace 191.000 años. El de Naica empezó a crecer hace 31.000 años y no paró hasta 1985, cuando el bombeo del agua subterránea para la minería lo dejó al descubierto.
DOS GEODAS, DOS HISTORIAS
En Naica, los cristales registran el final de la última glaciación: un cambio gradual desde un clima frío al templado de los últimos 10.000 años. En Pulpí, en cambio, todo indica que el acuífero se mantuvo muy estable durante muchísimo tiempo. El agua no dio saltos. El clima, tampoco.
¿CÓMO SE LEE ESA INFORMACIÓN?
Los investigadores calientan pequeñas muestras de yeso para extraer el líquido atrapado. Después analizan su composición isotópica, una especie de «ADN del agua» que revela de dónde procede, a qué temperatura se formó y cuánto llovía entonces.
«Estos cristales conservan información sobre el agua que circulaba por el acuífero. Como procede de la lluvia que se infiltra en el suelo, su composición nos aporta pistas sobre el clima del pasado», explica Fernando Gázquez, investigador de la UAL.
MÁS ALLÁ DE LA CURIOSIDAD GEOLÓGICA
El hallazgo abre una puerta. Si los cristales de yeso pueden actuar como cápsulas del tiempo, los científicos dispondrán de una nueva herramienta para contrastar los modelos climáticos con evidencias reales del pasado. El siguiente paso será aplicar esta técnica a otros depósitos de yeso y a sedimentos de lagos, para reconstruir cómo han cambiado las lluvias en distintas regiones del planeta.
El trabajo, publicado en la revista Chemical Geology, ha contado con la participación de las universidades de Bolonia, Bergen y la Academia China de Ciencia. Y ha sido financiado por la Junta de Andalucía y el Ministerio de Ciencia e Innovación.
Ahora, cada vez que alguien mire los cristales de la geoda de Pulpí, sabrá que dentro de ellos hay agua que cayó del cielo cuando los neandertales aún caminaban por Europa. Y que esa agua tiene algo que contar. (VEA NUESTRA PORTADA DE HOY)
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