Lo que ha ardido en Bédar: una «isla verde» única en el sureste europeo

El incendio de Los Gallardos ha calcinado unas 7.000 hectáreas en el corazón de la ZEC Sierra de Cabrera-Bédar, uno de los espacios de mayor diversidad florística de la Península y refugio de una de las mayores poblaciones europeas de tortuga mora.

Antes de cualquier consideración ambiental, Ecologistas en Acción Almería quiere expresar su dolor y su solidaridad con las familias de las trece personas fallecidas, con los heridos y con los cerca de 1.500 vecinos y vecinas desalojados de Bédar, Los Gallardos y Antas. Nada de lo que sigue pretende situarse por delante de esa pérdida.

Dicho esto, creemos necesario explicar a la opinión pública qué es exactamente el territorio que se ha quemado, porque su valor no se mide en hectáreas de monte genérico.

El incendio, declarado el 9 de julio en el paraje de Almocáizar, avanzó hacia la Zona Especial de Conservación Sierra de Cabrera-Bédar , integrada en la Red Ecológica Europea Natura 2000.

Su diversidad geológica —afloramientos de rocas volcánicas, yesos, calizas y esquistos— permite que se asienten aquí más de 1.000 especies vegetales, muchas de ellas amenazadas y endémicas. Estas sierras funcionan como una isla verde en un entorno árido, gracias a la influencia del hálito marino y a unas precipitaciones mayores que las del resto de la comarca. Es, en pocas palabras, uno de los enclaves con más diversidad florística de la Península Ibérica.

Además de su riqueza biológica, la ZEC, especialmente su red de ramblas y barrancos, desempeña una función esencial como corredor ecológico entre las sierras litorales y los sistemas montañosos del interior del Levante almeriense. Esta conectividad permite el desplazamiento de fauna, el intercambio genético entre poblaciones y aumenta la resiliencia de los ecosistemas frente a perturbaciones como los incendios o el cambio climático. De hecho esta ZEC une el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar-Carboneras con el Paraje Natural del Karst en Yesos de Sorbas.

La tortuga mora (Testudo graeca) merece mención aparte. La población del entorno de Los Gallardos está considerada una de las mayores y más estables del continente europeo, y su afección por el fuego preocupa gravemente a la comunidad conservacionista. El alcance real sobre la biodiversidad no se conocerá hasta que concluyan las inspecciones de campo. Se trata de un reptil de movimientos lentos, incapaz de huir del frente de llamas: en un incendio de esta velocidad, la mortalidad directa puede ser masiva.

La ZEC Sierra de Cabrera-Bédar es una de las zonas con mayor diversidad de hábitats de interés comunitario del sureste peninsular, al albergar 30 tipos distintos, siete de ellos prioritarios y trece considerados muy raros en Andalucía, entre ellos las estepas salinas mediterráneas (1510*), la vegetación gipsícola ibérica (1520*), los matorrales arborescentes de Zyziphus (5220*) y los pastizales del Thero-Brachypodietea (6220*). Otros trece están considerados muy raros a escala andaluza. Entre las prioridades de conservación del espacio figuran comunidades de aves rupícolas, entre ellas el águila perdicera (Aquila fasciata), catalogada como Vulnerable en Andalucía, así como el búho real (Bubo bubo) y el halcón peregrino (Falco peregrinus), todas ellas especies protegidas por la Directiva Aves de la Unión Europea. También los quirópteros cavernícolas, el galápago leproso (Mauremys leprosa) y un elenco de flora endémica (Verbascum charidemi, Teucrium turredanum, Linaria nigricans, Helianthemum alypoides, Limonium estevei o Narcissus pachybolbus, etc.) son objeto de protección. A ello se suman formaciones de coscoja, palmito, lentisco, aladierno y madroño, y manchas de encinas, alcornoques y algarrobos, vegetación relicta en la provincia.

La ZEC Sierra de Cabrera-Bédar (ES6110005) fue propuesta como Lugar de Importancia Comunitaria en diciembre de 1997 y declarada ZEC mediante el Decreto 2/2015, de 13 de enero, con una superficie de 33.705,83 hectáreas repartidas entre Bédar, Los Gallardos, Lubrín, Lucainena de las Torres, Mojácar, Sorbas y Turre. Su plan de gestión fue aprobado por Orden de 19 de marzo de 2015.

La magnitud de este incendio no puede entenderse como una simple fatalidad, sino como una consecuencia de la combinación de varios factores:

● Un paisaje de elevado valor ecológico y gran biodiversidad, cuya cubierta vegetal, integrada principalmente por pinares de pino carrasco (Pinus halepensis), matorral mediterráneo y espartales, presenta una elevada continuidad del combustible vegetal.

● La homogeneización del paisaje y la pérdida del mosaico agroforestal, favorecida principalmente por los cambios en los usos del suelo, el abandono agrícola y de los aprovechamientos tradicionales, han favorecido el aumento de la continuidad del combustible y la propagación del fuego.

● Una topografía muy accidentada, con laderas de fuerte pendiente, barrancos, ramblas y escarpes rocosos.

● Unas condiciones meteorológicas extremas, con temperaturas cercanas a los 40 ºC, muy baja humedad relativa y rachas de viento de hasta 50 km/h.

La combinación de estos factores configuró las condiciones propicias para un gran incendio forestal, propias de un contexto de emergencia climática.

Por ello, Ecologistas en Acción Almería reclama:

1. Una evaluación pública e independiente del daño sobre los hábitats prioritarios y las especies clave de la ZEC, con cartografía de severidad del fuego.

2. Un plan de restauración ecológica —no de mera reforestación con pinar— orientado a recuperar el mosaico de encinar, matorral mediterráneo y azufaifar, y a la conservación in situ de la tortuga mora.

3. Dotación real del plan de gestión de la ZEC, aprobado en 2015 y crónicamente infrafinanciado, incluyendo prevención de incendios basada en gestión del paisaje.

4. Esclarecimiento del origen del fuego, depuración de responsabilidades: la Guardia Civil investiga si pudo deberse a la caída de un cable eléctrico. Si se confirma, exigimos revisar el estado de conservación de las líneas eléctricas en todo el medio rural almeriense y en general en todas las líneas de media tensión que atraviesen masas forestales. Confiamos en que la administración reclame daños y perjuicios a la empresa propietaria de la línea.

5. Cumplimiento efectivo de la normativa sobre Planes Locales de Emergencia y Planes de Autoprotección, con la realización periódica de simulacros y la evaluación de su eficacia. Los pequeños municipios no disponen, por sí solos, de los recursos técnicos y económicos necesarios para cumplir estas obligaciones, por lo que pedimos a la Junta de Andalucía que garantice la asistencia técnica y la financiación necesarias para su elaboración, actualización e implantación efectiva.

6. Revisión de la legalidad urbanística de las edificaciones situadas en suelo forestal o en la interfaz urbano-forestal y de las autorizaciones que hayan permitido su implantación, aplicando rigurosamente la normativa ambiental con criterios de igualdad. Es inaceptable que edificaciones ilegales en espacios de alto valor ecológico permanezcan durante años sin una respuesta efectiva, mientras los asentamientos precarios de personas son objeto de una intensa presión administrativa y frecuentes desalojos. La protección del territorio y la prevención de incendios exigen que la legalidad se aplique con el mismo rigor, con independencia de la capacidad económica o de la condición social de los infractores.

7. Reforzar un modelo de gestión integral de los incendios forestales que garantice la coordinación entre las políticas de prevención, gestión forestal y extinción, evitando la fragmentación competencial y priorizando la planificación a largo plazo.

La Sierra de Cabrera-Bédar tardará décadas en recuperar lo perdido, y parte de ello no volverá. Muchos hábitats se regenerarán con el tiempo, pero la pérdida de ejemplares de flora singular y de fauna de escasa movilidad, como la tortuga mora, puede ser irreversible. Honrar a quienes han muerto pasa también por no repetir las condiciones que hicieron posible esta catástrofe. (VEA NUESTRA PORTADA DE HOY)

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