El ADN dice que no es su hijo, pero le embargan la pensión: el drama de José a sus 81 años en Garrucha

🎙️ Informativo 12/03/2026

José Gutiérrez Martín nació en El Ejido, pero hoy vive en Garrucha con la mirada puesta en un reloj que corre demasiado lento para él. A sus 81 años, su jubilación no es el descanso que esperaba, sino una batalla legal contra una condena económica y una filiación impuesta que la ciencia ya ha desmentido, pero que la justicia aún no se atreve a borrar.

EL ORIGEN DE ESTE CASO
La historia se remonta a mediados de los años 90 en Almería. José mantenía una relación de amistad con una camarera que, en junio de 1997, dio a luz a un niño. Ella le aseguró que él era el padre. Durante tres años, José ejerció como tal: hubo cuidados, visitas a la guardería y afecto. Sin embargo, el entorno de la madre empezó a filtrar dudas. «Tiene otros amigos», le advertían. De pronto, las visitas se prohibieron y el contacto se esfumó, pero la obligación legal ya planeaba.

EL «MURO» DE LOS JIZGADOS
Metidos en pleitos y demandas a lo largo de décadas, José intentó demostrar la verdad. Sin embargo, se topó una y otra vez con el rigor formal de la ley y «con malas práxis, por qué no decirlo», como apunta él mismo. Varias juezas denegaron sus peticiones de pruebas de paternidad, escudándose en que el plazo legal —un año tras el nacimiento— había caducado y otros requiebros judiciales.

Mientras la justicia le cerraba la puerta a la biología, se la abría de par en par al embargo. En 2016, José fue condenado por impago de pensiones. La deuda acumulada, sumada a intereses y costas, ascendió a 21.000 euros. Desde entonces, el juzgado le embarga 300 euros mensuales de su escueta pensión. Según sus propios cálculos, entre pensiones pasadas, indemnizaciones y gastos judiciales, «el desembolso total ya supera los 40.000 euros, y el embargo sigue».

EL 98% DE CERTEZA QUE LLEGA DEMASIADO TARDE
No fue hasta 2023 cuando su actual abogado logró una grieta en el sistema, un juez autorizó finalmente la prueba de ADN. El resultado fue demoledor y liberador a la vez: José no es el padre biológico. La incompatibilidad es del 98%.

Pero en el palacio de justicia, la verdad biológica no siempre implica la libertad inmediata. José sigue esperando una Sentencia de Filiación que reconozca legalmente que ese hombre, que hoy tiene 30 años y ya es padre, no es su hijo. El recurso está en los juzgados desde hace más de un año, aún sin fecha de resolución.

«Yo ya tengo 81 años y llevo ya demasiados con esta pesadilla», confiesa José con amargura. «Si él quisiera, con su propia voluntad, esto dejaría de ocurrir, pero se ve que no es su intención».

UNA CARRERA CONTRA EL RELOJ Y LA LENTA JUSTICIA
Para José, el tiempo es el mayor enemigo. Su preocupación va más allá del dinero que vuela cada mes de su pensión; es una cuestión de dignidad y de dejar sus asuntos en orden. Teme que la resolución se demore tanto que el «no-hijo» —quien, según José, no trabaja y vive de ayudas— termine teniendo derechos sobre su herencia, el fruto de toda una vida de esfuerzo. Su única meta ahora es que el papel oficial coincida con la realidad: que él no es el padre y que no le debe nada a quien nunca fue su sangre. (VEA NUESTRA PORTADA DE HOY)

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