🎙️ Informativo 06/02/2026
CLEMENTE FLORES
Hacía mucho tiempo que no había vivido sentimientos tan especiales. He sido el último mojaquero en despedir a Francisco Flores García (Paco el de Dolores) cuando he pasado con su mujer Cristina y sus tres hijos al habitáculo del tanatorio del cementerio de San Isidro de Madrid, donde estaba expuesto su cadáver. Le he besado como si fuese mi hermano y me he despedido de él diciéndole “Hasta pronto”.
Mis paseos, mis recuerdos y mis añoranzas por nuestra común patria chica nunca volverán a ser iguales a partir de hoy, porque ha muerto en Madrid, alejado de su tierra, uno de los mojaqueros que, a mi juicio, ha dejado una huella más visible en el pueblo, en el último tercio del pasado siglo.
Paco, como yo, pertenece a una generación de mojaqueros nacidos en los cuarenta que, cuando llegamos al mundo (nació el 24/9/46), nos encontramos en un rincón aislado y pobre de una España inculta, triste y arruinada por la guerra, donde el porvenir se vislumbraba mirando hacia un camino llamado carretera que acabaría llevándonos como emigrantes al azar a no se sabe dónde.
La labor impagable de un maestro, mojaquero y pobre de nacimiento, sin duda fue la chispa que provocó la aparición de un pequeño grupo de niños que, rompiendo moldes y con mil dificultades y sacrificios personales y familiares, logró salir del círculo expansivo del analfabetismo y realizar estudios superiores. La mayor parte de ellos pese a la distancia y las condiciones de vida que han disfrutado, han mantenido permanentemente unos vínculos especiales de unión vital con la Mojácar de su niñez que siempre ha influido en su estado anímico mental, que explica muchos de sus pensamientos y actuaciones. ¿Cómo explicar los sueños mojaqueros de Pedro Morales Torres trabajando durante toda la vida en la SEAT, en Barcelona, sin dejar ni un sólo día de soñar con Mojácar, o el de Francisco Flores Ruiz, que abandonó un brillante y esperanzador porvenir en Madrid para intentar la aventura de vivir en Mojácar?



Mis relaciones con Paco empezaron cuando, necesitando un profesor de Matemáticas en Mojácar, su madre recurrió a mí, buen estudiante y cuatro años mayor que él. Entonces comencé a querer al niño bueno, inteligente, pacífico y de buen carácter que era. Allí surgió una amistad que nunca ha decaído y motivó que su madre le enviara a Madrid, cerca de mí, cuando yo estaba acabando y él comenzaba la carrera. Allí, con su primo Paco, con el que coincidió en la carrera elegida, compartimos, durante algunos pocos años inolvidables vida, aventuras y sueños.
El azar es tan imprevisible como caprichoso y, unos pocos años después, yo decidí romper mis lazos laborales para siempre con Mojácar, su primo Paco dejó su puesto de trabajo en Madrid para venir a instalarse aquí y Paco Flores García volvió a Mojácar, que era el lugar a donde pertenecía y donde más deseaba estar y vivir.
A partir de entonces fuimos tres amigos felizmente casados, con tres hogares estables y con proyectos de vida diferentes que no hemos perdido jamás, hasta hoy, los lazos de cariño forjados en nuestra juventud ni el respeto mutuo.
Francisco Flores García, con su esposa Cristina, se fue a vivir a Mojácar en busca de todas las ilusiones de futuro que se había forjado, y aquí emprendió una serie de retos profesionales que pronto le depararon una prosperidad inicial tan esperable como manifiesta. En mi caso, la distancia enfrió la relación, que no el cariño, y en la distancia siempre celebré sus éxitos, que no fueron pocos.
En Mojácar, en esos años, su impronta de hacer y de emprender ha quedado en algunos edificios y promociones inmobiliarias en que participó y que, pese al tiempo pasado, nadie ha mejorado en cuanto a solidez, encaje y planteamiento.
En poco tiempo se situó en el centro neurálgico de buena parte de las promociones que se hicieron en Mojácar y en otros lugares de la comarca, No fue ajeno a los avatares de la convulsa política local, en la que incluso participó y con la que mantuvo una red de buenas relaciones. Fueron años en que el país cambio mucho y los cambios en la comarca se hicieron incluso a más velocidad que en el resto del país.
Como sucede a todo hombre emprendedor, el riesgo entra en algún momento a formar parte de su trabajo, y Paco sufrió algún traspiés en sus negocios que le obligó a cambiar de vida. Los errores se acaban pagando y el pago no siempre se realiza en términos monetarios, sino que suele ir acompañado de costes psicológicos. Intuyo que su cambio de domicilio desde Mojácar, a la que tanto quería, tuvo que ver con ello.
No se derrumbó porque era más fuerte de lo que el mismo creía y se empleó para rehacer su vida saliendo adelante junto a su mujer y sus hijos en Madrid. En Mojácar quedó lo más importante de su obra como fruto de sus sueños y sus méritos.
La muerte, que nos iguala a todos, le ha llegado de forma imprevista al fallarle el corazón.
Hoy en Madrid, junto a Cristina su mujer, sus hijos y sus nietos, he dado mi último adiós a mi amigo Paco Flores que se ha marchado para siempre lejos de nuestro pueblo al que adoraba. Descanse en Paz. (VEA NUESTRA PORTADA DE HOY)















