Decididamente es un elemento perturbador en las cenagosas,doradas y corrompidas aguas de nuestra tranquilidad.
“¿Pero qué coño es la UDEF?”… se preguntaba un ofendido Jordi Pujol cuando era relativamente joven y esperaba a madurar mansamente mientras la muerte no acababa de llegar y aquietarnos así, con una larguísima presunción de inocencia,evitando un brusco despertar en el que no acabasen de dirimirse unas responsabilidades que pudiesen cambiar su historia,que es, también, la nuestra.
Murió su esposa, demenciada, y él, llegó vivo sorprendentemente a las puertas de su proceso, pero tampoco está muy católico.
Recemos piadosamente por él, aunque esté vivo y ya no se acuerda del origen de su patrimonio ni de la UDEF.
Ha madurado tanto en la lentitud de nuestro procedimiento penal que no se muere el hombre…, a ver si retrasamos un poco más este molesto procedimiento y lo esquivamos finalmente. Acaban de dictaminar que así ha de ser.
No se muere nuestro rey en su exilio implacable y aburrido ni le alcanza la tentación de un romántico suicidio, histórico y redentor. Luego les haremos exequias como las que hacemos normalmente a cualquier indecoroso.
Se empeñan estos guardias civiles en seguir molestando nuestra paz y nuestra larga marcha en pos de nuestros pastores y sus rapsodas televisivos que nos apaciguan y nos apacientan cuando dicen que no hay pruebas ni las habrá. Tenemos larga historia en todo esto.
El PSOE y el PP, nuestros máximos representantes, seguro que concluyen, a la luz de lo que expresan sus periodistas cortesanos, que no hay necesidad de despertar a la ovina grey que les vota, pese a todo, ora a unos, ora a otros.
Al fin y al cabo como bien sintetizó Sartre,”el infierno son los otros”,Los nuestros no, los nuestros son muy decentes. Y los demás somo idiotas neutrales y tibios, o “hooligans” acríticos.
Hoy la UCO, siempre incordiando, entra sin discreción ninguna en la Diputación de Almería para recordarnos unas viejas corruptelas de la época de la pandemia, en la que unos murieron y otros se enriquecieron con comisiones. Ya nos habíamos olvidado de aquella investigación y casi se nos había olvidado el alcalde de Fines y algún diputado popular.
¿Qué necesidad tiene la UCO de despertarnos de cosas que ya sabíamos o sospechábamos? ¿Acaso una sociedad satisfecha de sí misma tiene que aguantar estas deprimentes noticias.
Yo, como en aquella película de Nicholas Ray, (“Johnny Guitar”), les pediría: “Cariño, decidme una mentira, decidme que todos los políticos a los que hemos votado han sido honrados todos estos años”.

















