Mancomunidad El mercado semanal de Vera cumple 223 años

Imagen del mercado semanal de Vera en 1912 en la Plaza de Fernando V, entonces conocida como 'Plaza de las verduras'. La fachada del fondo correspondería a la actual Galerías Ramón, y la zapatería de la izquierda perteneció a don Miguel Jiménez.

🎙️ Informativo 21/09/2026

GABRIEL FLORES GARRIDO*

“Por la qual concedemos licencia y facultad a la Justicia y Ayuntamiento de la Ciudad de Vera para que pueda tener Mercado público el sábado de cada semana sin perjuicio de las reales, que así es ntra. Voluntad”.

De esta forma disponía el rey Carlos IV, el 31 de agosto de 1803, mediante una Real Cédula firmada de su mano, que Vera pudiera celebrar un mercado semanal, además de dejar constancia en ella la voluntad de la Corona para que la concesión hecha fuera incluida en los privilegios que la ciudad tenía. Este año ha cumplido, por tanto, 223 años el mercado que cada sábado vemos ocupar nuestras calles y que en su día fue solicitado por el alcalde mayor Juan Francisco Gascón.

El Concejo argumentaba su petición haciendo ver al rey la seguridad que daba a los comerciantes evitar asaltos en los caminos por un bandolerismo que ya estaba establecido en nuestros caminos desde los años finales del siglo XVIII; añadían las autoridades municipales que por ser Vera “plaza de Armas, corresponde que esté más surtida de todo lo necesario y con posible equidad en beneficio de la tropa que la guarnece”.

La Real Cédula es pregonada en la que hoy es plaza Mayor, enviándose una comunicación del establecimiento del mercado semanal a todas las ciudades, villas y lugares desde Baza hasta Mojácar.

El mercado supuso ventajas para los vendedores y comodidad para los compradores que no tendrían que desplazarse a otras poblaciones, aunque fueran cercanas, para realizar sus compras. Esto ofrecía una gran seguridad en nuestros caminos, asediados por el bandolerismo ya mencionado, y del que nuestro Archivo Municipal ofrece numerosos testimonios.

No olvidemos que al poder ejercer más control sobre los vendedores también se hacía mayor observancia en la regulación de los precios, estando obligados los comerciantes a exponer las tarifas de todos los productos ofertados. En las imágenes de esta publicación podemos ver una lista de ellos (expresados en reales y maravedíes). De este modo se evitaban abusos, que eran castigados con severidad.

Aunque su inicio oficial fue en la fecha señalada anteriormente ya se trajinaban y vendían habitualmente mercancías, junto a las dos puertas de la muralla de la ciudad. Los espacios, que todavía permanecen, donde estas estuvieron ubicadas dan testimonio de lugares dedicados al comercio: uno de ellos, con el nombre de plaza del Mercado, nos indica a qué estaba destinado. Ejercitando la imaginación, a la vez que retrocedemos en el tiempo, es fácil imaginar tunantes, buhoneros, mercachifles y trajinantes junto a cada una de las puertas de la muralla.

El mercado ha conocido distintas ubicaciones: plaza Mayor, calle Virgen de las Angustias, calle Mayor, distintas zonas del Arrabal o la entonces llamada plaza del Sol. En 1787 el Concejo autoriza abrir a Francisca Alcolea Berlanga una puerta en la muralla desde su vivienda, con la que lindaba, para instalar una mercería que pudiera servirle como medio de vida al haber quedado viuda y estar “pobre, miserable y abandonada”. Tal vez fuera el inicio de una serie de perforaciones que paulatinamente terminaron con la muralla defensiva que todavía constreñía la ciudad y había comenzado a perder su utilidad. Una vez derribada la muralla el mercado se fue expandiendo a otras calles, hasta verlo como ahora lo conocemos.

El 17 de octubre 1872 el alcalde José Antonio Ramallo propone la celebración de un mercado de ganado en la plaza de la Puerta de Abajo (actual José Ramón el Alicantino); años más tarde, el 16 de agosto de 1893, se decide la celebración de una feria de ganado en la Fuente Chica (Cuatro Caños) coincidiendo con la feria de San Cleofás. Cerrando así el círculo comercial “callejero”.

No es, por tanto, el mercado semanal de Vera algo que obedezca a una inercia comercial o a la rutina de una costumbre, sino que tiene la solidez de una Real Cédula y de un privilegio concedido a la ciudad.

*Gabriel Flores Garrido es cronista oficial de Vera.

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