🎙️ Informativo 05/03/2026
«Los ciudadanos fueron calificados de buenos o malos, no por los méritos contraídos con el Estado, pues todos estaban corrompidos por igual, sino porque el más rico y el más capaz de dañar, fuese quien fuese, defendía aquel estado de cosas, y ése era el que pasaba por bueno»
Cayo Salustio, “La conjuración de Catilina”
Los partidos políticos en España, especialmente los de derechas, suelen estar colonizados por tontos, siendo sus respectivos caudillos, en consecuencia, egregios representantes de idénticos dones, constituyéndose en paladines y paradigmas para su guardia pretoriana, esa que los rodea en los mítines y aplaude, con fervor de vicepresidentas, memeces insuperables.
Están escasamente dotados para el aprendizaje de lo que alguien llamó “el arte de la política”. Su contumacia brilla con luz propia en las tinieblas impracticables de la duda y la racionalidad. Tropiezan varias veces en la misma piedra sin que el error propio o ajeno les sirva de enseñanza.
Así el supremo error del líder de Ciudadanos, cuya ideología oscilaba entre lo liberal y lo socialdemócrata según los días, en sublime oxímoron, arruinó su prometedora carrera política y acaso sigue perplejo intentando comprender las razones por las que pasó violentamente de ser la gran esperanza blanca al KO en el primer asalto, que lo expulsó para siempre del prometedor futuro que aniquiló por un pequeño error de cálculo.



Algo así le sucedió al joven líder del PP de cuyo nombre realmente no puedo acordarme, cuando decidió arremeter contra la lideresa de su propio partido antes que contra sus adversarios ideológicos, por alguna cuestión que tampoco recuerdo.
Esto pasa en los partidos cesaristas, o sea todos, que deciden, por razones desconocidas, limpiar la era propia antes de entrar en los establos de Augías del adversario. Bueno, en el PSOE hay que reconocer que eso no pasa porque es más bien una secta destructiva que un partido político.
Los griegos, tan finos, lo llamarían “hibris” por no llamarlo imbecilidad.
Recientemente, estamos en ello, y en partido tan cesarista como VOX, ignorando los antecedentes citados, su máximo representante en la tierra, el ungido Abascal, ha decidido dos cosas, ambas insensatas y que acabarán como presumiblemente tienen que acabar.
A saber:
Ha incoado este individuo una especie de “procesos de Moscú” tratando de eliminar rápidamente a sus antiguos camaradas, de los que al parecer no se fía demasiado. Quizá como el PSOE prefiera la lealtad ciega y un puntico descerebrada, a cualquier otra compañía.
Al mismo tiempo, y ahora que está de moda percibirse como animal, quizá se haya transmutado en Perro de San Bernardo, del que se decía que ni comía ni dejaba comer. Se obstina en celebrar un triunfo en su victoria parcial y boicotear el gobierno posible y presunto, más o menos afín, impidiendo su formación.
Me resulta muy difícil entender que un partido político, mínimamente serio, en un sistema parlamentario no sea capaz de llegar a ningún acuerdo (y eso vale para el PSOE demenciado del Sánchez del “no es no”), aunque sea a cambio de alguna conquista que pudiera hacer valer a aquellos que lo votaron esperando algo.
Solo si fueran todos sus votantes, no ya fascistas, sino gamberros extraparlamentarios, superando así incluso a Podemos. Salvo que alguien piense en ese partido, como pensaba Albert Rivera, que el Partido Popular caerá como las murallas de Jericó ante la “giovinezza” de su partido y no se haya podido conformar ningún gobierno autonómico. Y se vaya así a unas dudosas segundas elecciones. Todo al rojo. O al negro.
En fin, “oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza”.













