“Resulta pavoroso descubrir que muchas certezas inmutables se deshacen como un azucarillo en una taza de café”

🎙️ Informativo 08/04/2026

Juan Manuel Gil presenta su última novela, ‘Majareta’, este jueves en Antas. Gil se ha convertido en uno de los autores españoles más leídos y conocidos desde que en 2022 obtuviera el prestigioso premio Biblioteca Breve con ‘Trigo limpio’. Su obra se caracteriza por una prosa ágil y un humor engendrado por la gestión de situaciones cotidianas en un relato especular en que el lector acaba reconociéndose. Sobre su última novela y algunos otros asuntos hablamos con el autor.

Nos tenía acostumbrados a que sus novelas fueran contadas por un narrador que se parecía mucho a usted, pero en esta novela ha recurrido a más de cuarenta voces diferentes, ¿por qué?

– Ésa era, precisamente, una de las premisas que me planteé cuando empecé a pensar en escribir ‘Majareta’. Tenía clarísimo que el narrador no iba a ser un escritor que se pareciese demasiado a mí y, de una manera natural, decidí que fuese una multitud de narradores la que contase esta historia, porque, si no la narraba yo, ¿quién lo iba a hacer? La respuesta me llegó cuando recordé que, al terminar cada presentación de mis libros, siempre se me acercaba alguien que me decía “si yo te contase mi vida, tú podrías escribir una novela”. Esa frase se me quedó rebotando en la cabeza y me pregunté por qué no contaba esta historia desde un montón de personajes que podrían haberse acercado en una de mis presentaciones y haberme dicho eso de que su vida podría ser el argumento de una de mis novelas. Y eso hice: escuchar a esos más de 40 personajes que tienen ganas de contar y de ser escuchados.

Esa elección supone más de 40 estilos narrativos diferentes, ¿cómo lo ha solucionado?

– Ha sido un reto, algo que me ha obligado a permanecer atento a la narración y que me apeteciera poner el despertador por la mañana. A fin de cuentas, enfrentarme a un enigma narrativo que resolver es esencial para mí. Si me siento excesivamente cómodo escribiendo, si sé qué voy a contar y cómo lo voy a contar, probablemente no lo cuente. Necesito la escritura como mecanismo de resolución de problemas narrativos. En este caso, tras optar por esas decenas de narradores, dispuse un par de pizarras enormes en el lugar en que habitualmente escribo para trazar en ellas la biografía de cada uno de estos personajes, porque yo necesitaba conocerlos en profundidad para saber cómo hablaban, de qué manera se iban a expresar, cómo era su mirada hacia el mundo. Así, una vez que conocía a uno de estos personajes, lo que hacía era una especie de invocación casi paranormal, casi me sentía poseído y lo dejaba hablar; lo único que tenía que hacer yo era escucharlo.

¿Hasta qué punto influye en el propio mensaje la manera de contarlo?

– La forma de relatar es esencial en la literatura. No importa únicamente el qué quieres contar, sino cómo lo haces. Y ‘Majareta’ ofrece un ramillete de maneras distintas de hablar, aunque todas tienen muchísimos puntos en común, porque todos los personajes, como ocurre a todas las personas en el mundo real, ocupan un mismo tiempo y espacio, y eso provoca que tengan elementos de conexión. Pero cada uno de ellos tiene una mirada distinta, formada por los dolores, los tormentos, las fragilidades, los traumas, las aspiraciones, las alegrías de cada uno, que hacen que el mundo brille con una intensidad diferente en cada caso, con unos colores distintos. Por eso en esta novela, el cómo está contada es en gran medida uno de los elementos narrativos que hacen que el lector pueda sentirse seducido y cómplice en el propio proceso de lectura. Porque yo necesito un lector activo durante el proceso de lectura, no uno pasivo.

¿Por eso los lectores de ‘Majareta’ suelen destacar a los personajes narradores más que la historia central que los ha reunido?

– Porque ‘Majareta’ está construida a base de pequeñas novelas, conformada por personajes que ansían ser escuchados, contar su historia. Y la singularidad, la manera de hablar de cada uno, probablemente sea uno de los atractivos de la propia novela. Además, yo también quería reflexionar, pretendía también que, aun siendo importante la historia del conserje y de por qué hace lo que hace con los alumnos, de dónde viene su vida y por qué su personalidad ha sido determinada de esa manera, sobre todo me interesaba que cada uno de los capítulos funcionase como una especie de unidad narrativa individual y a la vez conectada con el resto. Al final, la novela no deja de ser una especie de bloque enorme, un edificio, una calle o un autobús lleno de personas que tienen muchísimo en común, pero también diferencias. Y no con todos ellos congeniará el lector de la misma manera. El lector se hace amigo de algunos de estos personajes de una manera natural. Suele pasar con el matrimonio chino o con la mujer que tiene gracia de Dios, la curandera que aparece en la novela. De repente, el lector se siente afín a ellos o, si no, al menos le evoca una experiencia personal similar en su vida, en su recuerdo. ‘Majareta’ es una novela que funciona removiendo los recuerdos del lector.

Otro personaje de esta novela, como de casi todas las suyas, es su barrio, El Alquián, ¿se siente más cómodo en su hábitat natural?

– Salvo contadas excepciones, el lector no suele quedarse con el lugar en que trascurren las novelas que lee más allá de si es una gran ciudad o un pueblo pequeño. En la mía funciona el atractivo del barrio esencialmente para aquellas personas que lo conocen, que saben dónde vivo, pero en los que carecen de ese conocimiento, que no han estado nunca en El Alquián ni en Almería, reconocen su propio barrio, su pueblo, su ciudad, su calle. Es decir, tienen referentes no solamente biográficos, sino también basados en otras novelas que han leído, en otras películas que han visto. Y para mí es importante, porque así mis personajes me resultan menos impostados y los pongo a caminar en las calles por las que yo camino, entre los olores, las sensaciones, los ruidos de los otros vecinos, los imprevistos que me suceden a mí a diario. Es ahí donde me siento mejor y hablo con conocimiento de causa; evito la sensación de estar impostando porque me apetezca o por crear un personaje que vive una aventura en Bilbao, por ejemplo, en la que he estado a lo mejor 10 ó 12 veces en mi vida. Por eso mi imaginación se ramifica de esa manera y, de repente, coloca a los personajes en calles que se parecen un poco a las que yo recorro todos los días, por las que habitualmente me desenvuelvo paseando a mi perro, y ahí es donde voy imaginando, donde voy construyendo, donde voy fabulando y, al final, es el espacio que se queda.

Con tantas novelas con su bario como escenario, ¿sabe si el Ayuntamiento de Almería piensa trazar una ruta de Juan Manuel Gil, tal y como ha hecho Dublín con Joyce, Granada con García Lorca, Úbeda con Muñoz Molina o Quesada con David Uclés?

– No creo que se le pase por la cabeza hacer eso. Además, tampoco sé si me gustaría, porque, por lo general, la realidad resulta muchísimo más triste que la ficción, y yo soy un gran amante de la ficción, a pesar de que mi ficción nazca de mi realidad. Creo que las calles de mi barrio resultan muchísimo más nutritivas cuando uno las imagina, cuando uno las mezcla con los aromas de la infancia del lector, con los recuerdos de cuando visitaba a su abuela en un pueblo, con los descampados que nunca visitó pero que vio en determinada película. A mí, lo que me interesa realmente es ese espacio de ficción que parte de mi realidad y brindo al lector para que haga el cóctel que mejor le convenga. Prefiero que el Ayuntamiento esté pensando en hacer una feria del libro potente, en construir bibliotecas, espacios de lectura e imagine eventos en que se valore a los escritores. Eso es lo que espero del Ayuntamiento de Almería: que se ponga por delante de todos los lectores.

Eso de que la realidad resulta muchísimo más triste que la ficción, por desgracia parece confirmarse todos los días.

– Sí, hay hechos que superan a la imaginación. Aunque la literatura está llena de vaticinios que en su momento pudieron resultar absolutamente disparatados y luego se cumplieron con creces, lo cierto es que, a la mayoría de los seres humanos, a los mundanos como yo, hay cosas que están sucediendo hoy en el mundo que me parecen más propios de novela, de ciencia ficción mala. Muy mala. Me cuesta entender cómo un alto mandatario puede hacer ciertas cosas o cómo la sociedad se mantiene resignada y en silencio ante determinados comportamientos inhumanos después de todo lo que hemos vivido. Efectivamente, a la realidad se le ha roto la verosimilitud por completo. Ya es posible que ocurra casi cualquier cosa, por inverosímil que pueda parecer.

Para terminar, ¿por qué cree que debe leerse su ‘Majareta’?

– El lector debería fiarse, sobre todo, de su instinto. Y de su curiosidad. Estoy convencido de que este libro será una buena compañía, un buen cómplice durante las tardes y noches de lectura que dure. Pero, además, le sugiero que lo lea porque es una reflexión sobre algo que ocurre en nuestros tiempos, que es la de cuestionarnos. Cuestionarnos la posibilidad o imposibilidad de acceder a eso que todos llamamos verdad, a eso de la certeza absoluta. Aquello que creíamos que era así probablemente requiera una revisión por parte de nuestra mirada y de volver a percibirlo desde distintos puntos de vista. Creo que es esencial. Hay que derribar muchísimos prejuicios, muchísimos estereotipos, muchísimas ideas preconcebidas que tenemos y nunca nos cuestionamos. Y resulta verdaderamente pavoroso y conmocionante descubrir que algo considerado una certeza inmutable, se deshace como un azucarillo en una taza de café. (VEA NUESTRA PORTADA DE HOY)

“Resulta pavoroso descubrir que muchas certezas inmutables se deshacen como un azucarillo en una taza de café”
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